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Triunfo de abogada latina, orgullosa de ser migrante Dulce García demandó y le ganó a Trump



El día que le ganó al presidente de Estados Unidos, una demanda en la Corte Suprema, la abogada de migración de Chula Vista, Dulce Miriam García, de pie ante el micrófono, frente a más de un centenar de simpatizantes, recordó el día en que a los 4 años de edad cruzó como indocumentada con sus padres la frontera de Tijuana a San Diego.

Atrás quedaron su natal Cuernavaca, y México, que, aunque a unos kilómetros de distancia geográfica, estaría por décadas inalcanzable para ella.


El día que tundió legalmente al presidente estadunidense, Dulce García resumió brochazos de su historia.


Cuando era estudiante de preparatoria o high school, Dulce veía a su mamá salir de su hogar por las mañanas para trabajar en las casas de otras personas en San Diego. Una ocasión su mamá regresó a casa con llanto porque la policía había matado al hijo de una amiga; otras veces llegaba nerviosa porque acababan de deportar alguna persona conocida.


Dulce García que veía a su padre ir a trabajar a un taller de soldadura de donde un día volvió a casa con un brazo accidentado que días después casi pierde, porque por el temor de buscar ayuda en tiempos de retórica antiinmigrantes había tratado de que el dolor desapareciera solo.


Fue por ese tiempo, en medio de esas circunstancias de fuertes iniciativas contra la comunidad migrante que desde entonces no pararon, que decidió que quería ser abogada.


La joven estudiante de preparatoria fue a hablar con el asesor escolar para que le ayudará a planear cursos profesionales. Pero la respuesta del asesor fue que “tu no vas a ir a la universidad y ni siquiera vas a ir al colegio comunitario, porque eres indocumentada; no vas a estudiar”.


“Eso lo veremos”, respondió Dulce García al salir de esa oficina e ir a su casa a llorar junto con su madre. Sin importar lo que le dijo el empleado que debió orientarla y la censuró, la joven decidió continuar.


Al entrar al colegio fueron tiempos muy ocupados, de vender flores, estacionar vehículos, ser valet, asistente, todo para conseguir recursos para pagar sus estudios universitarios. La ley estatal AB540 le permitía pagar colegiaturas iguales a las que pagaban los ciudadanos estadunidenses y los residentes legales, pero por su condición migratoria le era imposible conseguir préstamos.


Para cuando se graduó en ciencias políticas en la Universidad Estatal en San Diego (SDSU), Dulce García ya tenía un empleo como paralegal y por esos meses el ex presidente Barack Obama instauró mediante orden ejecutiva el programa de Acción Diferida para quienes Arribaron durante la Infancia, o DACA.

Con ese cambio, Dulce García pudo costear estudios en la Escuela de Leyes de la Universidad de Cleveland, donde se graduó como doctora en jurisprudencia con especialidad en litigios civiles.


Regresó a ejercer al condado de San Diego donde desde el 2016 representaba a personas de bajos ingresos, a familias en riesgo de separación.

Pero meses después el presidente Donald Trump, en medio de contradictorias declaraciones envió al entonces fiscal general Jeff Sessions a amenazar con cancelar DACA y por lo tanto dejar en riesgo de deportación a unos 800,000 jóvenes que llegaron al país como indocumentados cuando niños, al lado de sus padres, y que al crecer aceptaron a Estados Unidos como su único país.


El plan de Trump era sencillo: dejar DACA en manos de un congreso y un senado dominados por los republicanos para que continuar el programa de los dreamers dependiera de la aprobación de un paquete de leyes de migración que incluyeran los fondos para construir el muro fronterizo que había prometido en campaña electoral.

Sessions canceló DACA el 5 de septiembre del 2017. Dulce García y un pequeño grupo de conocidos se dedicaron a revisar miles de mensajes de Twitter del presidente Trump hasta que reunieron bastantes anotaciones de las veces en que el mandatario elogiaba DACA y decía que tomaría al programa con compasión.


Doce días después de que Sessions acabó con DACA. Dulce García presentó en San Francisco una demanda federal contra el presidente Donald Trump y contra el Departamento de Seguridad Interior (HSD) básicamente por terminar sin argumentos válidos un programa que el propio presidente apoyaba y decía que quería preservar.

Al interponer esta demanda a nombre de ella misma y de cinco dreamers más, la abogada Dulce García detuvo temporalmente la suspensión de DACA. La demanda colectiva de los seis integrados en el litigio representaba a los 800,000 jóvenes soñadores.


Mientras la abogada enfrentaba a Trump en la Corte de Apelaciones en San Francisco, los gobiernos de 21 estados presentaron otra demanda y algunas organizaciones civiles también. La Corte de Apelaciones decidió entonces en favor de Dulce García y los otros cinco dreamers.


La administración Trump decidió llevar el caso ante la Suprema Corte de Estados Unidos convencida de que la mayoría conservadora entre los jueces decidiría a favor del presidente. De hecho, una primera audiencia pareció dar la impresión de que los jueces fallarían a favor de Trump.


Pero hace unos días el supremo tribunal en el país dio una sorpresa, el presidente de la Corte Suprema, el juez John Roberts, de tendencia conservadora, se unió a los cuatro magistrados liberales para rechazar la petición del presidente Trump, con lo que DACA puede continuar, aunque la administración de inmediato informó que nuevamente intentará de suspender el programa.


La demanda de la abogada Dulce García había pasado de una modesta oficina en Chula Vista hasta la Corte Suprema y había ganado.

Por eso ante el micrófono frente a más de un centenar de seguidores, fuera del edificio de gobierno del condado de San Diego, García resumió en unos segundos el trabajo de tantos años.


“Llevamos al gobierno a la corte y le ganamos, lo llevamos a la corte de apelaciones y le ganamos, lo llevamos a la Suprema Corte del país y le ganamos”, dijo García ante seguidores emocionados que le aplaudían.


La abogada vestía un vestido con bordados florales mexicanos, como los que había visto en fotos de su natal Cuernavaca, la “tierra de la eterna primavera”. Sus simpatizantes le gritaban “sí se puede, sí se puede” pero la abogada dice que la declaración que le llega más hondo es la de su mamá:


“Le ganaste al presidente de Estados Unidos, mi’ja, al hombre más poderoso del mundo”.


“Sí, amá; le gané”.

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